![rw-book-cover](https://readwise-assets.s3.amazonaws.com/media/uploaded_book_covers/profile_966223/88bf110b-b0ef-4d09-97c8-6556018c34c0.jpg) --- > Lo sé antes de comprobarlo, por el grosor: falta el mantel blanco. El mantel blanco es tan bonito que no se puede poner en la mesa para comer. --- #### EL MANTEL BLANCO > Eulàlia les dijo que al macho cabrío se le había puesto el culo muy fino muy fino, como el de un niño de pecho, por lo mucho que se lo habíamos besado, y que tenía el miembro frío como un carámbano; y a mí me dio una risa que no podía parar y me colgaron por reírme tanto. --- #### EL NOMBRE DE LAS MUJERES > Al abuelo Ton se le ha secado la boca. Como una uva pasa. A algunos hombres se les atasca la lengua y se les seca en la boca, y no saben abrirla ni para decir cosas bonitas a sus hijos, ni cosas bonitas a sus nietos, y así se pierden las historias, y lo único que sabes ya es que hoy comes pan duro y que hoy llueve y que hoy te duelen los huesos. --- > Pirene era hija de Túbal, el rey de Iberia. Y Gerión era un gigante de tres cuerpos de hombre unidos por la cintura que le quitó el trono a Túbal. Pirene se escapó a estas montañas y Gerión las incendió enteras para acorralarla. La quemó viva, y Heracles cubrió su cadáver con piedras grandiosas formando una cadena como una escultura mortuoria, que iba desde el Cantábrico hasta el cabo de Creus. Estas montañas se llaman los Pirineos en honor de Pirene. --- > Todas las historias son mentira. Óyeme. Todas las historias que cuentan. Las que dicen que somos malas. Mentira. Las que dicen que somos buenas y bonitas como la plata y que todos los hombres se encaprichan tanto que se tirarían a las lagunas. Mentira. Las que dicen que somos un misterio misterioso, mentira. Mentirosos son la mayoría de los hombres. Los hombres que se inventan cuentos y los que los cuentan. Los que nos recortan y nos comprimen y nos embuten dentro de las palabras para que seamos como la historia que quieren contar, con la moralidad que quieren contar. Recortadas y empequeñecidas y metidas en sus pequeñas cabezotas. Que no por tontos y diminutos, menos malos. --- #### EL RAYO > Lo que más me gusta son sus silbidos. Con los dedos en la boca. Porque entonces yo corro. --- #### LLUNA > Yo he tenido los niños sin padre más felices y menos huérfanos del mundo. Como si no les hubiera hecho falta tener padre. Qué suerte. Aunque a veces una quisiera dejar de vivir. --- > Me dejó la mollera como una cáscara de nuez, lista para guardar en ella todos los cuentos, todas las historias, todas las cosas que les dijimos que hacíamos y las que decían ellos que habíamos hecho nosotras contra Dios, contra Jesús, contra todos los santos y la Virgen. ¿Qué Virgen? Un Dios como el padre de cada uno, malo malo malo y torturador como ellos, y asustado por las mentiras que se habían creído de tanto decirlas. --- > porque la han obligado a renunciar a cuanto quería. Tíralas aquí, tira las cosas que deseabas, aquí, en medio del camino, en esta cuneta, todo lo que pensabas. Las cosas que amabas. Ya ves, con lo poquita cosa que eran. --- > El sombrero de una es el sombrero de todas. La carne de una es la carne de todas. La memoria de una es la memoria de todas. --- #### LAS TROMPETAS > POEMA PARA MÍ, HILARI Yo canto a la luna llena, ojo redondo de la noche amable, gata preñada. Canto al río helado, compañero del alma, como una vena, como una lágrima. Canto al bosque atento, ahíto de peces, liebres, setas. Canto a los días magnánimos, a la brisa de verano, a la brisa de invierno, a la mañana, al atardecer, a la lluvia menuda, a la lluvia enfadada. Canto a la ladera, a la cumbre, al prado, a las ortigas, al rosal silvestre, a la zarza. Canto como si plantara, como si hiciera una mesa, como si alzara una casa, como si trepara a una loma, como si comiera una nuez, como si encendiera una brasa. Como Dios creando animales y plantas. Canto yo y la montaña baila. --- #### EL OSO > Y le digo que no fume tanto, hostia, como si fuera su madre. No tiene ni veinticinco años, ¿qué hostias haces fumando tanto? Fuman todos, como si la prohibición de fumar en los bares y las horribles imágenes de los paquetes de tabaco no hubieran llegado aquí. Fuman hasta los niños de trece años, como si fueran idiotas. Incluso dentro del bar, cuando cerramos, después de las tres. Nos quedamos cuatro o cinco dentro, o solo Núria y yo llenando neveras, y entonces fumamos y bebemos. Fumo hasta yo, con el asco que me da. --- > Poder coger negrillas y rebozuelos, hacer pis, contar cuentos y levantarse por la mañana tiene que ver con el rayo que le cae a tal árbol o a tal hombre. Tiene que ver con los niños que salen enteros y con los que no, y con los que salen enteros pero con las cosas cambiadas de sitio por dentro. Tiene que ver con ser el pájaro que ha cazado el aguilucho o la liebre que ha cazado el perro, o no. Y la Virgen, el niño y el demonio estaban hechos de la misma tontería. --- > Yo quería un marido, mi marido, y después, si venían hijos, pues bien. Pero ¿solo hijos? ¿Para qué va una a querer solo hijos? --- > El amor también se fue por el agujero. A lo mejor si hubiera querido más a Clara me habrían disparado a la cabeza y me habría despertado y la habría querido más todavía. Pero cuando me desperté no quería quererla. --- > Pero de pronto un día Jaume nos contó que su padre era medio hombre y medio gigante, y que su madre era giganta toda entera. Y lo miré al fondo de los ojos y vi que no era un perro viejo, sino que era un oso. --- > ¡Qué ingenuas! Si lo máximo que hemos hecho contra Dios es levantarnos todos los días después de que nos colgaran y coger flores y comer moras --- > Escondido se oyen todos los ruidos. --- > Jean-Claude y yo pasamos la adolescencia así, subiendo y bajando montañas y coleccionando trozos de armas. Porque a los catorce años, a los quince, a los dieciséis, a los diecisiete solo crías ganas de huir. De irte de aquí. De conocer gente que haya visto cosas. Cosas de verdad. De ver cosas. Te has enrollado con la mitad de los chicos del pueblo y no se te ha encendido ni una chispa. No te interesa nada de lo que nadie puede ofrecerte. Y este lugar pesa como una losa, como una vaca en brazos. Todo es pequeño, todo es igual. Yo solo quería salir de aquí. Solo quería una moto, que, por cierto, nunca me compraron. Quería un coche y ¡a volar! Y si te he visto no me acuerdo. Pero, como se suele decir, la cabra tira al monte y de pronto un día, veintipocos años después, te sientas a una mesa con tu mujer, tenéis dos gemelos de cinco años con un ojo de cada color. Los dos. --- > Y a mí me gusta mi puesto. Porque no me hace sufrir. Porque se hace lo mismo todos los días. Porque no depende de las lluvias ni de las sequías, ni de las reses que se mueren, ni de las enfermedades ni de las diarreas. --- > Domènec había ido a esa parte de la montaña a probar unos versos. A ver a qué sabían y cómo sonaban, y porque cuando uno está solo no hace falta decir versos en voz baja. --- > Hace un año murieron unos cuantos chavales y el pueblo se quedó afectado. Y cuando la gente empezaba a hablar del suceso, porque a la gente le gusta hablar de cosas tristes y macabras, yo me largaba. Iban todos borrachos en un coche, dando tumbos, y se salieron de la carretera, se estrellaron y se mataron los cinco. Y este pueblo es tan pequeño que, si no conocías a uno, conocías a otro, y si no, a su padre o a su hermana. Me los imagino dentro del coche, riéndose y fumando, haciendo bromas con tanta sangre en las venas y tan poco sufrimiento y tanta juerga y tanta vida. Y pienso en lo último que dirían antes de que el coche diese el volantazo y, ¡pumba! Un rato de dolor, un rato de miedo, si acaso, y después nada más. --- > Y también les contó cómo hacía ataduras para que los hombres no pudieran yacer con otras mujeres, sino solo con la suya. Que les hacía seis nudos en los calzones y a cada nudo le decía: yo te hago esta atadura en el nombre de Dios, en el nombre de San Pedro y de San Pablo y de toda la corte celestial, y en el nombre de Belcebú, y de Tió y de Cuxol, para que no puedas unirte carnalmente a ninguna mujer más que a la tuya. --- > Y a veces nos dábamos la mano Jaume y yo, porque era divertido tener una mano dentro de la tuya. O nos dábamos masajes y nos hacíamos cosquillas en los brazos, por el gusto de que te toque otra persona. --- > Y entonces apareció el perro. Era un perro grande de pelo largo, blanco, con --- > Y entonces apareció el perro. Era un perro grande de pelo largo, blanco, con dos manchas negras, una en el lomo, como una silla de montar, y otra en la cara, alrededor de un ojo, como un pirata. --- > A papá y a mí el frío se nos metió en el pecho, como si nos nevara en el corazón. Y cuando me curé y me desperté, porque morirse a veces es curarse, volví a la montaña. Mi papá, cuando se murió, estaba tan triste que se quedó en el hospital. --- > Cuando no está ella los días son tan largos como si duraran una vida entera. Siempre vuelve, y ya he aprendido que siempre vuelve, pero a veces todavía me imagino que no vuelve y entonces me pongo triste. Y lloro sola. Lloro y lloro y lloro más y nadie me oye. --- > Y a veces vienen familias, pero temprano, y los niños se reparten un filete con patatas y los mayores comen sin hablar apenas. Pero nunca vienen parejas jóvenes. Como si les diera vergüenza quererse o qué sé yo. --- > El bosque no quiso a mamá. Me la devolvió para que la cuidara yo mientras estaba enferma, con la cabeza como un cajón de sastre, llena de recuerdos dispersos y desordenados. --- ### NOTA DE LA AUTORA > Muchas de las leyendas que aparecen en el libro las descubrí en Muntanyes maleïdes, de Pep Coll. --- > Para escribir «El nombre de las mujeres» leí sobre brujas y juicios por brujería en Orígens i evolució de la cacera de bruixes a Catalunya (segles XV-XVI), de Pau Castell Granados, y también en Un judici de bruixes a la Catalunya del Barroc: l’Esquirol 1619-1621, de Jaume Crosas. --- > El personaje de Eva, la niña republicana, está inspirado en la niña de la fotografía de la familia Gracia Bamala, que, con el título de «Le cheminement douloureux», se publicó por primera vez el 18 de febrero de 1939 en la revista francesa L’Illustration --- > Yo lo miraba con ojillos de cristal, que se me rompían de tan brillantes. --- > Yo le pregunté a un señor, con un bigote, en el pueblo, quién había construido el río, y me dijo que Dios. Luego le pregunté al señor que quién había construido el puente, y me dijo: el diable. El diable es el diablo. Y yo le dije: pues qué puentes tan bonitos hace el diable. El diablo tenía que haber hecho todos los puentes de España. Reconstruir todos los puentes que los nuestros tiraron abajo. Y me miró muy triste, como si quisiera decir «cállate, niña», pero no dijo nada. --- > Y fuimos a la carnicería. Y resultó que también vendía leche y quesos, y frutos secos y galletas y pasta y compramos un montón de cosas. En la carnicería olía a carne cruda muy buena, a hamburguesas de pollo, a butifarra suave y deliciosa. Y mi madre decía medio kilo de carne picada y unas cuantas costillas de cerdo, que voy a hacer fideos a la cazuela, y bla, bla, bla. Y a mí se me comía la vergüenza. Como si no quisiera estar allí, a mis treinta y tres añazos, comprando carne picada con mi madre. Y me gustó un poco que me diera tanta vergüenza. Me aparté y me puse a mirar la calle por el cristal, y entonces mi madre compró huevos, que no eran de sus gallinas, y a mí me gustaba la vergüenza, caliente y retorcida por dentro, que hacía mucho tiempo que no me daba, igual que hacía mucho tiempo que no me daba nada de nada. --- > El padre de mi abuela Dolors, mi bisabuelo, de vez en cuando cogía a alguien por banda y le decía: «Despídete porque te vas a morir.» Por eso lo temía la gente. Porque pocos días después, al que se lo había dicho se moría. --- > La maleza deshará vuestra obra. El verde deshará vuestra obra. Los árboles aliados del tiempo, la hierba aliada de la muerte. Ya lo creo, llegará el día. Despedíos. --- > Al principio no quiero verlo llorar. Como si no estuviera bien. Miro las brasas de corazón rojo. Pero después me digo que tengo que verlo. Que llorar es bueno. Y que, al fin y al cabo, me debe esas pocas lágrimas, y me vuelvo y lo miro. --- > Me gustaba Mia. Me gustaba de una forma cabrona, antes de entenderlo todo. Tiene algo muy sensual. Muy íntimo. Muy que quieres que te tenga en cuenta. Todavía me gusta ahora, pero no sexualmente. Alícia es mi amor eterno. Infinito. La madre de mis hijos. Y Mia es ahora una buena amiga. --- > Una de las mujeres, la que se llamaba Margarida, le tocó una mano, en parte para ver si el hombre quemaba, con el rayo dentro, en parte solo por la caricia. --- > Jaume, que ya está a mi lado, dice: –Lo siento. Ya sé que lo sientes, pero no digo nada porque está bien que lo sientas. Porque son unas cuantas las cosas que tienes que sentir. --- > Y siento que a veces no basta con sentirlo, como a veces no basta con quererse. --- > ¿Cómo va a perdonarme alguien, si no me perdona Mia? --- > Cuando Sió empezó a perder el juicio, mi marido dijo que a veces, para sobrevivir, hay que echar tierra a los recuerdos, pero que el que ha sufrido mucho siempre echa demasiada tierra. --- > Y mientras toca el pájaro le doy un beso, y entonces dice: podría ser tu madre. Y otro día dirá: no soy tu madre. Separado por las cosas que pasarán entretanto. --- > El llanto empieza como un animal pequeño. Como una nube solitaria, como una bruma fina en el pecho. Empieza como un dolor diminuto, como una hinchazón lenta. Como un malestar, como un huesecillo que se atraviesa en la garganta, como un rosario de piedras en el esternón. Y crece poco a poco. Se me calientan los ojos, se me humedecen, y la fuente mana y las cazuelas hierven y el agua se derrama y ya no hay forma de parar. --- > Y ahora dirá algunas cosas. Las que se pueden decir seguidas, como una cuerda. Las que recuerda, las que se encienden como bengalas. Las que hay que arrancar como si fueran cebollas. Las que hay que decir en voz baja y las que hay que decir poco a poco. Las que queman. Las que se dicen mirando los árboles, y las que se dicen mirando la hierba, y las que se dicen mirándonos las manos, una encima de otra, y después mirándome a mí. Yo escucharé. Después diré algunas cosas. Lo que pueda. Y luego se hará de día. Primero de color gris, después azul y después amarillo. --- ### II ### I ### LA COLISIÓN > No me fastidiéis. Ciega como soy. Inmensa como me hicieron. Sorda por lo ensordecedor que fue nacer. A vosotros qué os importan mi voz o mi perspectiva. Dejadme en paz. --- ### IV > Vecinos míos. Compañeros míos. Los que me habéis elegido. Soy el oso por vuestra gracia. Somos los osos por vuestra gracia. Somos el miedo porque lo habéis elegido vosotros. El gran honor de ser elegido. ---